¿Y si cambiamos al país desde la base?

* El siguiente texto fue originalmente publicado en un blog del autor que fue antecedente de Lánzate por Guanajuato.

Hace meses que esta pregunta se me aparece a cada vuelta de la esquina, como una ligera intuición de que muchos problemas que enfrentamos podrían solucionarse si los mexicanos estuviéramos verdaderamente interconectados. ¿Crisis de valores humanos? Hay que interconectarnos. ¿Aislamiento social? Hay que interconectarnos. ¿Odio en la sociedad, inseguridad en las calles, bajo crecimiento económico, desigualdad de género, acoso a la mujer, desabasto de gasolina, falta de espacios deportivos o culturales? ¡Hay que interconectarnos!

Me vienen ejemplos a la mente. Como hace unos meses en que dos personas (un inepto oficial de gobierno y un arrogante presidente de colonos) se pusieron de acuerdo en que poner una caseta de policía a la entrada de mi colonia era la solución a la inseguridad. Era una tontería, pues los ladrones entran y salen por los bordes abiertos del fraccionamiento, nunca por la entrada; pero este tipo de soluciones que no solucionan nada suelen ser el estándar gubernamental. Los vecinos sabíamos que la solución era el monitoreo comunitario vía whatsapp y quizá un par de patrulleros privados en motocicleta; pero nada podíamos hacer pues incluso viviendo en la misma colonia, no estábamos interconectados.

Recientemente he decidido hacer algo al respecto. Dedicar la mitad de mis horas productivas a una nueva AC que trabaje en interconectar a la base. En otras palabras, una AC que fomente la creación de grassroots en el sentido más original del término, ese que se plasmó en el Manifiesto de Port Huron. En palabras simples: es la visión de que el individuo puede salir del aislamiento y encontrar un nuevo sentido de pertenencia y de vida a través de agrupaciones locales que clarifiquen los problemas de su comunidad y articulen soluciones a dichas problemáticas.

Es más fácil ver esta definición en ejemplos. Uno muy claro son las juntas escolares de madres y padres de familia. Las más exitosas se reúnen cada quince días, deciden qué problemas quieren enfrentar, acuerdan estrategias y las ejecutan. Empastar la cancha de futbol, mejorar la tiendita de la escuela, organizar la pastorela, gestionar apoyos de gobierno; este tipo de juntas logran solucionar un sin número de problemas, generando entre sus miembros un increíble sentido de pertenencia y las más grandiosas amistades.

Otros ejemplos de esto me parece que son las asambleas de barrio, los talleres comunitarios, las agrupaciones deportivas, las organizaciones de alumnos y de exalumnos, el voluntariado, la sociedad civil organizada, los grupos de whatsapp vecinales, las rondas, las sobremesas de amigos que se reúnen cada semana. Son las incontables raíces de pasto de la sociedad, la verdadera base de nuestro Estado.

Yo creo que debe existir una manera de replicar este fenómeno de forma masiva y extendida por todo el país, aprovechando esta nueva época de redes sociales y de tecnología. Intuyo que generando una estructura (estatutos, reglas, guías, etc.), creando herramientas digitales (foros, redes sociales, grupos de whatsapp, quizás una app propia) y haciendo algo de relaciones públicas, se puede lograr el cometido: agrupaciones locales en distintas ciudades del país, todas autodeterminadas pero interconectadas y siguiendo un programa de urgente cambio, de necesaria reconstrucción de nuestro tejido social y de reconquista de nuestro espacio público-político.

Escribo esto para ordenar mi mente y aprender de dicha ordenación. También para que sea más fácil sumar voluntades y coordinar esfuerzos.

R.


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Raúl Ramírez Riba


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